El “Crestó” es el modismo local que define a un cabrito castrado correspondiente a la especie de cabra blanca.

En los años 50 existían en nuestra comarca 30 rebaños de cabras blancas que formaban un total de 5000 animales. Poco a poco comenzaron a desaparecer, y a finales de los 60, eran pocos los ejemplares que existían.

Consciente de la situación, y con esta férrea voluntad de preservar al máximo las tradiciones y el patrimonio de la tierra que preside la personalidad de Salvador Miralles, propietario del Hotel Miralles, recordando su infancia en la que había hecho de pastor y lo que le mantenía vivo el recuerdo de los “crestons”, todo ese bagaje le impulsó a llevar adelante una iniciativa de la que aún hoy recibe satisfacciones, no sólo profesionales, sino también personales.

En el año 1995 adquirió 125 cabras blancas, que más tarde se convertirían en 450 animales, de los que 200 eran “crestons”. El proceso fue costoso. Tardaron dos años y medio en poder servir el “crestó” en el Restaurante.

Su difícil pastoreo, semisalvaje, el cuidado control diario y, sobretodo, su alimentación vegetal junto con la pureza de las aguas que pueden disfrutar en los Ports de Horta, hacen que éste sea el hábitat perfecto para la cría y obtención de una de las carnes más exquisitas y, por encima de todo, natural.

Cocinado con paciencia y austeridad, como se hacía en el siglo XIII, en escabeche y al horno, el resultado es la obtención de su plato estrella, El Crestó en Escabeche. La cabra blanca aporta beneficios en diversas vertientes. La primera y principal, de orden dietético y gastronómico, es que es una carne muy exquisita, consistente y sin grasa. La segunda, de orden ecológico, es que ayuda a mantener en condiciones el bosque, y ésto evita incendios forestales. Y la tercera y última, pero la más armoniosa y a la vez subjetiva para el que lo disfruta, es la música especial que realizan con sus campanas.

Todas estas razones nos motivan a luchar por llevar esta iniciativa a buen puerto, sin olvidar que comerse un plato de Crestó en Escabeche, en el Restaurante Miralles o en el Hotel Les Capçades, es un placer indiscutible.